sábado, 16 de agosto de 2014

Dos cuerpos que se aman sin nombres
Descienden la escalera última del día
Y saltan, irremediables, sobre la noche desnuda.

Hay una espalda blanca,
Un infinito de sábanas,
Un delirio de muslos
En un laberinto de dedos.
Ya nadie quiere encontrar la salida.

Los cuerpos anónimos se hacen trémulas preguntas.

Pero quién responde a la carne con palabras. 

jueves, 13 de febrero de 2014


Bajábamos a Andalucía desde el noventa y dos. Nunca viajábamos de la misma manera, aunque sí siempre en la misma época.  A veces mi abuelo contrataba un taxi desde Sants, a veces volábamos- y yo siempre pensé que eso era magia. En otras ocasiones ( puedo decir que las más numerosas) pseudo-dormíamos en trenes litera aunque qué niña de ocho años podría dormir con el incesante traqueteo del tren y la embriagadora luz de la luna que se colaba entre las rejas de las ventanillas, una luz plateada que nos atrevíamos ya por entonces a beber sorbo a sorbo.
A las 7 de la mañana ya estábamos en Jaén, y lo sabíamos más que por el silencio por el amargo aroma de los campos de olivos.
Una vez allí, deshecha la maleta y hecha yo a la idea de que mi hogar sería por unos meses aquella pequeña casita encalada, dejaba de ser. Simplemente enfermaba de salvajismo. Se quedaban en Barcelona las preocupaciones cotidianas,  los zapatos, las ganas de enjabonarme bien el pelo.
A cambio recibía la hierbabuena del huerto del señor Manolo, el olor de la caja de dominó de mi abuelo, las partidas de futbolín del bar Cano, las cerezas como pendientes del señor Custodio ( tomé la costumbre de llamar "señor" a todo aquel varón de más de 20 años), las cenas en aquel rincón del mundo donde gobernaba el gazpacho de mi abuela, las sillas de plástico y los abanicos, el sonido de los grillos detrás de los matojos que crecían sin atender a los límites del cemento. 




domingo, 1 de diciembre de 2013

Si pudiera reventar. BOOM. Que alguien me hiciera un alunizaje, eso sería espectacular. Millones de microcristales de mi cuerpo hechos luz. Minúsculas moléculas de mí bajo los zapatos de los transeúntes, átomos de esa sentencia cárnica indiscutible esparcidos por la acera, dominados por el devenir del azar. 
 Entonces, quién sabe, quizás viajar como se viaja cuando te quedas dormido y de repente te despierta una película porno en el televisor o una balada que te recuerda el día de lluvia en el que alguien siguió triste después de las doce. 
O quizás perderlo todo y que solo queden ventanales grises y tubos de aire acondicionado y  ramajes boca arriba de árbol inconsciente. Y nosotros. 


Me pirra la idea.



domingo, 15 de septiembre de 2013

Eran las 00:33 minutos de un domingo fosforescente y digo “fosforescente” porque hay cuando llueve una luminiscencia química que parece acabar con el recuerdo disonante del verano. Ma non, no confundás, el verano es bello, lo es por varios motivos o uno solo. El verano es bello porque, principalmente, es vos en mi vida. De acuerdo, también es ese “supimos desde el primer día”, es vos y las veredas gris clarito, y las caracolas negras de las farolas del paseo, y las palomas que casi siempre son horribles menos cuando vuelan en las plazas y huele, precisamente porque es verano, a cáscara de pipa y plástico de globo. Después de pensar en la palabra fosforescente esto acaba. Y con "esto" me refiero a la picardía sobre los pareos, al recuerdo selectivo del estío que recién termina. Ahora me queda mirar desde aquí la lluvia y sentir al mundo todo hecho de papel, entonces porqué no estremecerse por ese “deshacer” tan oportuno y perdoná la bufonería pero quién pudiera algunas veces deshacerse con la lluvia.

En absoluto me disgusta que se marche el caradurismo del verano. Es bello sí pero septiembre llega con su habitual inocencia y nos permite restituir, al fin, lo verdadero. Septiembre es el renacimiento de los melancólicos. En septiembre el mar ya no es más que un poso de tristeza al que acudir con un perro o un buen libro. Y eso me gusta. En septiembre nos podemos permitir  los arrorós bajo las mantas, los pies fríos, la calceta, los cafés volcánicos, los documentales de gorilas y los lapiceros en tazas de chocolate.
Y si quiero no le escribo un final. Te girás, te llevás la manta, me acariciás el muslo derecho. Y ya no hay ventana, ni lluvia, ni septiembre. Solo el porqué protagonista de la belleza del verano. 



martes, 6 de agosto de 2013

Coleccionista de nebulosas.


La tarde dijo sí en el cielo y cayeron trocitos de cristal redondos en la orilla.
Una mano juntó piedras  planetarias y las puso en una caja de tabaco. Se esparcieron las piedras, los planetas, por aquel entonces cuando nadie sabía que la tarde hablara.  
Yo me recosté en el centro gravitatorio de los árboles, vi perder el control a la luna llena, asumí el silencio de las cosas y tomé el mando de la locura a aquel lado del mar.

Dónde estás quise saber y aun desconozco. 

viernes, 21 de junio de 2013

Todo lo que usted una vez quiso saber sobre el amor, todo lo que usted...sí usted, todo lo que usted quiso. En aquel tiempo fui una prolongación amputada de usted. En aquel tiempo mis manos no acababan en preciosas curvas, eran, más bien, pequeños picos de pájaro que sabían salir entrecortadamente de la jaula que los apresaba, manos que abrían la boca para que pusiera en ella los gusanos de seda que quería ver hechos mariposa. Y es que todo lo tenía para usted, todo podía disolverse en ese placer mórbido que nos goteaba la espalda. Todo era usted al otro lado del cristal y yo que para usted fui tantas veces lluvia. Todo era un cucurucho enorme de posibles con virutas que lamíamos en los límites del tiempo. Todo era todo y mucho más que eso.
Ese amor que supo usted a través de mí, se acaba. Ese diminuto amor infinitamente inacabable. Entonces quizás se vuelque en alguna circunstancia y nos permita vernos, de lejos, pero vernos, de nuevo pero sernos.


 Ya no pienso en usted, pero ¿y si pienso?

martes, 18 de junio de 2013

Nos han dictado mal las coordenadas.
Las paredes se ensanchan
parecen pupilas cerca de la luz,
vías de tren en el cenit de la tarde.  
Desde este vuelo neutro
desfallezco 
en ese espacio azul de ti.
Pero tu azul...¿Qué significa?
Quisiera buscarle alguna perla
Alguna alga marina
Un obsequio, tan solo,
para mi pura incomprensión.

Eres tan poco lo que eras.
Tu azul habla en plural y balbucea
Yo te meto en una caja
espolvoreada de mudanza.
Allí estás con tu ex azul
Comprensible, completo.
Allí permaneces
deshaciéndote en el fondo
con tu sonrisa naif y tu hojarasca.

Ya en la otra orilla
Ya tu barco a la deriva
Te miro y sé que no voy a volver a mirarte.
Adiós antiguo todo
perfecto iceberg en el fuego del recuerdo.
Mi mirada ondea pañuelos blancos
tu azul transita al gris en una lágrima.

Quisiera remojar los pies del alma
en ese mar, el último, de pronto.